martes, 1 de noviembre de 2016

Rufián






Después de más de ¡300 días! de un Gobierno en funciones España vuelve a tener en la triste figura de don Mariano Rajoy Brey a un nuevo Presidente  y, por ende, a un nuevo Gobierno.  A titulo personal diré que no me parece una buena noticia para este país que Mariano Rajoy vuelva a presidir una legislatura (que presumo será corta) pero su opción ha sido con diferencia la más votada y en eso consiste el ser demócrata: en aceptar siempre las reglas del juego democrático.  Decir que la gente se equivoca cuando no vota como uno entiende que debería hacerlo no deja de ser un mero ejercicio de sectarismo. Estos 300 días de impasse han sido realmente jugosos para saber, en su conjunto, el verdadero nivel de nuestra clase política  y, poder verificar, el resultado de este largo tiempo de espera.  Salta a la vista que el balance obtenido no puede ser más pesimista y decepcionante. Lo que más ha despertado mi interés en este periodo ha sido comprobar el perfil de las nuevas generaciones de políticos. Gente joven que está llamada a ser actores principales de la política española de los próximos años. Forman parte de la Generación de mis hijas y en ellos estará fundamentado el futuro que le espera a los españolitos del hoy y del mañana.  Me centro por falta de espacio, pues esto daría para un largo ensayo, en siete políticos de la nueva hornada.  Pablo Casado, Pedro Sánchez, Susana Díaz, Albert Rivera, Pablo Iglesias. Iñigo Errejón y el inefable Gabriel Rufián.  Pablo Casado es la gran esperanza blanca del PP y cuyo perfil encaja más con CIUDADANOS que con el Partido de la gaviota. Un verso suelto envuelto en un poemario que el tiempo ya ha convertido en obsoleto. Pedro Sánchez se ha convertido en el “Robín de los bosques” del socialismo español y se ha creado una madeja que lo terminará enredando hasta limites insospechados.  Alguien que estaba llamado a liderar el PSOE y que al final se ha convertido en un rebelde ¿con causa?  Susana Díaz es una política de laboratorio criada en la “guardería” del PSOE andaluz y con un claro convencimiento de que la política consiste en trepar sin desmayo caiga quien caiga.  Albert Rivera es un liberal de derechas (¿los hay también de izquierdas?) con un verdadero talante democrático y unas formas de los que hace años adolece su principal aliado ideológico: el PP.  Tiene, a que negarlo, el trono de la Derecha española esperándolo. Tiempo al tiempo. Pablo Iglesias es un personaje mediático que políticamente ha sido devorado por su propio egocentrismo. Las redes sociales y la televisión han terminado por configurar su personalidad y conseguir que se crea el centro del universo.  Un populista en la Corte de Belén Esteban.  Iñigo Errejón, por el cual siento una cierta debilidad, se me presenta con diferencia como la cabeza mejor amueblada de esta generación. Brillante en sus apreciaciones y capaz de entender que por la senda del sectarismo se camina desde la nada al vacío.  Lo terminarán orillando como pasó siempre con aquellos que en política racionalizan y buscan verdaderas soluciones a  los problemas de la gente.  Pero este “guiso” quedaría incompleto sin la salsa picante del ínclito Gabriel Rufián.  Evidentemente y a diferencia de lo que han hecho algunos articulistas no me permitiré hacer ninguna licencia sobre su primer apellido. Cada uno se llama como se llama y nadie tiene la culpa de apellidarse Delgado y pesar 130 kilos de peso.  Gabriel Rufián milita en la formación independentista llamada ERC (por cierto un partido con una gran historia de lucha democrática). Ha llegado al Parlamento español como una especie de paladín de la izquierda más radical y del nacionalismo catalán. 



Cuando, desde la tribuna, se dispone a parlamentar  sube la escalera lentamente y con displicencia para dejar constancia de cuanto aborrece el sitio y a los presentes (salvo, evidentemente, a sus correligionarios).  Insulta de la forma más soez a sus adversarios y siempre se acuerda de la cal pero nunca de los tiros en la nuca, las bombas callejeras y los secuestros o extorsiones.  Causa una cierta inquietud que una persona joven pueda acumular tan alto grado de resentimiento.  Pero él va a la suyo y si ante alguna “parida” hay que pedir disculpas para eso ya está Joan Tardá, su jefe de filas.  Tiene a Felipe González y a Susana Díaz en el centro de sus fobias y cualquier ocasión es buena para atacarlos.  Nada nuevo bajo el sol. Gabriel Rufián es un político que odia la política que no esté acorde con sus intereses.  Un sectario revestido con la bandera catalana y, falsamente, con la lucha de los trabajadores.  Su recorrido político se me antoja corto aunque convulso. Pero, para que engañar, todos somos hijos de la desesperanza.  Pero, eso si,  algunos todavía sin rencor.





Juan Luis Franco – Martes Día 1 de Noviembre del 2016



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