sábado, 7 de junio de 2014

Libertad sin ira





Los últimos acontecimientos ocurridos en nuestro país, con la abdicación de Juan Carlo I a favor de su hijo Felipe VI,  no ha hecho más que confirmar que en España existen ancestrales comportamientos que se empecinan en no desaparecer.  Afortunadamente el sentido común (¡que sentido tan poco común!) de los dos Partidos que de verdad pueden alcanzar votos suficientes para gobernar ha prevalecido. Esto, ciertamente, es motivo de sosiego cuando algunos pretenden pescar en los ríos revueltos de la política. Creo que más pronto que tarde se tendrá que acometer una reforma de la Constitución Española.  Hay temas que siguen funcionando razonablemente bien y otros que están más que amortizados por el paso del tiempo y los años.  Reina (con perdón) la confusión y eso es mala cosa.  Los ciudadanos, preocupados por los temas sociales y políticos que les afectan, perciben que las cosas funcionan de mal en peor. ¿Tienen sentido en la actualidad las Diputaciones Provinciales¿ ¿Para que sirve el Senado tal y como está configurado actualmente?  ¿Es necesario esta capsula de seguridad que produce el aforamiento de posible corruptos? ¿Podemos seguir manteniendo las cuantiosas perdidas de televisiones autonómicas perfectamente prescindibles¿  ¿Quiénes están interesados en no dotar a la Justicia de medios suficientes para poder desarrollar dignamente  su necesaria labor? ¿Cuántos planes nos quedan todavía por vivir a efectos educativos?  ¿Quiénes está interesados en cargarse la Sanidad Pública?   ¿No es posible establecer leyes que posibiliten una total transparencia de las finanzas de Partidos, Organizaciones Empresariales, Bancos y Sindicatos¿  ¿Quién controla a los controladores?  ¿Cuándo se acabará por Ley con el transfuguismo? ¿Quién le pone el cascabel al gato sabiendo además que araña?  Son muchas las preguntas pendientes de respuestas claras y concisas.  Lo prioritario no es la forma de Estado sino saber que marco social y político tendría que gestionar.  El Congo tiene una República y Noruega una Monarquía.  Incluyendo a los de la banderita tricolor: ¿cuál de estos dos países, con sus sistemas actuales, querríamos para vivir? La Libertad es real (o republicana) cuando se conjuga mi libertad con tu libertad.  Si los partidarios de abolir la Monarquía -y proclamar una nueva Republica- consiguen la mayoría en las próximas Elecciones Generales los verdaderos demócratas nada tendríamos que objetar.  A la Democracia le sienta muy bien las urnas y la reflexión y le sienta fatal el exabrupto y las algaradas callejeras. Manifestarse (y sobre todo expresarse) de manera libre, responsable y civilizada representa el eje central de un sistema democrático.  Pero es el resultado de los votos emitidos libremente en las urnas quien de verdad determina el camino a seguir.  El Parlamento es soberano pues refleja matemáticamente el sentir popular. No debemos –o debíamos al menos- olvidar que históricamente la Segunda República cayó fundamentalmente por la falta de verdaderos republicanos.  Al final entre todos la terminaron poniendo  a los pies de los caballos cuarteleros.  Nuestra  actual Democracia sigue siendo frágil pues así lo determina nuestra fragilidad de confundidos y banales demócratas.  Es como si alguien que se considerase y presumiese de ser un buen aficionado al Fútbol no supiera distinguir un corner de un penalti.

No hay comentarios: