lunes, 26 de junio de 2017

El Genio en su madriguera






“¿Quién eres tú que adoptas tan diferentes formas? De tu muerte nadie escapa, pero también eres la fuente de todo lo que ha de nacer”.  Esta reflexión en off marca el discurrir de una de las mejores películas de todos los tiempos. Me refiero a “La delgada línea roja” (1998) de Terrence Malick.  Basada en la novela del mismo nombre de James Jones estamos ante 163 minutos de cine total.  Con un enorme plantel de actores donde parece ser que nadie quería quedarse al margen de poder trabajar a las ordenes del genial Terrence Malick.  Aquí están, entre otros muchos, actores de la talla de Sean Penn, Jim Caviezel, Nick Nolte, George Clooney, Adrien Brody, John Cusack, Elias Koteas, Woody Harrelson, John Travolta, Ben Chaplin, John Savage, Miranda Otto...... Más que una película antibélica (que lo es y en grado superlativo) estamos ante una profunda reflexión sobre la barbarie y la sinrazón de las guerras (cualquier guerra). Con la fuerte presencia de la Naturaleza se abre un dialogo en off con Dios y surgen las eternas preguntas que siempre han configurado las inquietudes filosóficas y existenciales de los seres humanos. ¿Por qué?  ¿Para qué¿  ¿Quién eres tú en realidad y que pretendes de nosotros?  Terrence Malick es un director de culto que ha hecho un verdadero fortín de su vida privada. Más que contestario es que simplemente no contesta: nunca ha concedido una sola entrevista. Con 73 años de edad su filmografía es corta (nueve largometrajes) y, como alguien que vive al margen del “Sistema”, ha sido más galardonado en Europa que en la tierra que le vio nacer.  En EEUU se puede ser lo que se que quiera pero siempre dentro del “Sistema”. Por “La delgada línea roja” tuvo siete nominaciones a los Oscar sin llegar a conseguir ninguno (¿). Fue galardonado como mejor Director en el Festival de Cannes de 1978  y conquistó la “Palma de Oro” en el 2011.  Consiguió la “Concha de Oro” en el Festival de San Sebastian en 1974 y el “Oso de Oro” en el Festival de Berlín en 1998 por “La delgada línea roja”.  Su último premio ha sido en el Festival de Cannes de 2011 donde  “El árbol de la vida” consiguió la “Palma de Oro” a la mejor película (al no comparecer a la entrega de dicho Premio el mismo fue recogido por los productores de la citada película). Todos los actores (incluyendo a nuestro Javier Bardem) y actrices que han trabajado a sus ordenes coinciden que se trata de una persona muy amable y de trato bastante cercano. Vive fuera del “Sistema” que, en no pocas ocasiones, convierte a los artistas en monigotes mediáticos.  Los grandes cinéfilos siempre esperamos que su última película sea siempre en realidad la penúltima.  El Genio en su madriguera.





Juan Luis Franco – Lunes Día 26 de Junio de 2017







viernes, 23 de junio de 2017

Menta y canela






Como pasó siempre junio avanza imparable hacia la plenitud del largo, riguroso y calido verano sevillano.  Sevilla es una ciudad donde nunca existió el término medio y el necesario equilibrio ni está ni se le espera.  Por esta tierra de María Santísima o hace frío, mucho frío, o hace calor, mucho calor.  Esta pasada  Semana Santa tuvo días en los que sobrepasamos de largo los 30 grados y tuvimos que recurrir por la vía rápida al encuentro del “Marqués de Gambrinus”.  En teoría, Sevilla es de las ciudades del mundo a la que peor le debía sentar la lluvia pero, sin embargo, está hermosa hasta cuando llueve. Sevilla combina a la perfección y de manera armoniosa lo estentóreo y el recogimiento. Un frió que se mete en los huesos y que nos hace acordarnos del vuelo del grajo. Un calor –“la caló”- que nos llega en la primavera y que se mantiene activo entre nosotros durante no menos de cinco meses. Sevilla es silencio de ruán que solo se percibe en el rachear de alpargatas costaleras y crujías de canastos de caoba pero también es bulla callejera y tronar estruendoso de cornetas y tambores. Esto forma parte de la Ciudad: el silencio más envolvente y el ruido más estremecedor. Esta, más que una ciudad dual, es una ciudad que como ninguna otra asume y dimensiona sus sempiternas contradicciones.  Se confunde el tópico con lo típico y siempre se sintió huérfana de elementos racionales y equilibrantes. Puede que la causa esté en unos orígenes donde se dieron cita de manera escalonada un crisol de culturas y religiones.  De manera apasionada la criticamos y la amamos a parte iguales,  pues bien cierto es que aquello que mucho amas mucho te hará padecer. Busquen un rincón del mundo donde mejor se armonicen la tradición con la vanguardia y difícilmente lo encontrarán. ¿Ombliguismo?  ¿Autocomplacencia? Posiblemente, pero ya lo dejó escrito don Antonio Gala....”Lo malo no es que los sevillanos piensen que tienen la ciudad más bonita del mundo....lo peor es que puede que tengan hasta razón”.  Menta y canela fundidas en un perfume de pura sevillanía.  





Juan Luis Franco – Viernes Día 23 de Junio de 2017



miércoles, 21 de junio de 2017

Pena sin destinatario






Estamos viviendo una época ciertamente preocupante. No solamente nos están quitando el sosiego y la necesaria paz interior sino, para más inri, hasta nuestros sentimientos más profundos se mueven entre el olvido y la desgana.  Ayer, de manera casual y a través de un amigo común, me enteré del fallecimiento de uno de mis más grandes amigos. Se nos ha muerto Perico y ya descansa el sueño de los justos sin ni siquiera haber podido darle un último adiós. Nadie, absolutamente nadie, tuvo a bien marcar en su móvil un número (el mío) que me hubiera abierto en canal la pena asumida por tantos momentos compartidos.  La pena más triste es aquella que, aparte de no ser compartida, no tiene un claro destinatario.  Nunca conocí a nadie que, como Perico, tuviera un talante más optimista.  Un vitalista al que tuve la suerte de tener de amigo y compañero en mi infancia y juventud.  Un pintor de brocha fina que le daba brochazos a la vida en cualquiera de sus circunstancias.  Hace tiempo, demasiado tiempo, que no tenía noticias suyas y la última vez que me lo encontré en la calle (hace ya demasiado tiempo) apenas se sostenía en pie y el hablar de forma coherente se le hacia casi imposible.  Pero, eso si, su eterna sonrisa la tenía estampada en un rostro que ya nos avisaba que su vida tenía fecha de caducidad.  Después no volví a verlo y las noticias que me llegaban de su persona cada vez eran más preocupantes. Entono el “Mea culpa” por no haberme preocupado de tenerlo más presente en su última etapa existencial.  Me producía bastante pesar verlo en su estado y esto no hace más que situarme en el lado donde los humanos siempre se terminan justificando. El que esté libre de olvidos que tire la primera pena.  Se fue Perico y lo recordaremos como un hombre que tuvo como principal misión en la vida ser feliz haciendo felices a los demás.





Juan Luis Franco – Miércoles Día 21 de Junio del 2017