viernes, 21 de julio de 2017

Los sacos rotos






El pasado miércoles 19 de julio nos desayunamos con una noticia que causó un fuerte impacto nacional: el financiero Miguel Blesa se había suicidado pegándose un tiro de escopeta en el pecho dentro de una finca de Córdoba.  La muerte es el hecho más tremendamente definitivo que sufrimos los humanos y ante ella todo, absolutamente todo, queda relegado a un segundo plano. La muerte es algo solemnemente serio. Nadie con un mínimo de bondad en el alma de su cuerpo puede alegrarse ni desear la desaparición de cualquier persona. Bien está que cada uno lloremos a nuestros muertos y que los ajenos sean enterrados respetando el dolor de sus familias y cubiertos con la bandera de la misericordia. Miguel Blesa fue un financiero que pasó a lo largo de su vida profesional de la cima a la sima. Los problemas que tuvo con la Justicia antes de su muerte no tienen más respuesta que aquella que determinen los jueces.  Los que nacimos pobres ya sabíamos desde la tierna infancia que en un porcentaje altísimo también moriríamos pobres. La honradez tiene un precio y, en no pocas ocasiones, es el de la pobreza. Necesitamos para llevar una vida digna que podamos disponer a través de nuestro trabajo de una cantidad de dinero suficiente para sacar adelante a la “tropa”.  Pero lo triste es cuando, para algunas personas, el dinero se convierte en el motor principal que mueve sus vidas. Es verdad que la “avaricia rompe el saco” y que una ambición desmedida lleva al desosiego más absoluto. No conocía en profundidad la vida de Miguel Blesa y nunca haré juicios de valor sobre aquello que desconozco. Lo cierto es que posiblemente se viera acosado y con todas las puertas cerradas (nunca terminamos de comprender que los poderosos no tienen sentimientos: tienen intereses) y decidió quitarse el don más preciado de las personas: la vida.  ¿Cuánto dinero necesitan los humanos para bajarse del tren de las cifras y subirse al de las letras? ¿Cuánto cuesta contemplar una puesta de sol cogido de la mano de la persona que amas?  ¿Cuánto vale tomarse una cerveza con un amigo del alma? ¿Cuánto cotiza en bolsa la risa de un niño y la mirada bondadosa de un anciano?   ¿Qué precio tiene el poder dormir en paz con Dios y los humanos?   Lo monetario es siempre efímero pero la felicidad compartida nunca lo es. Lo dejó escrito para la posteridad don Francisco de Quevedo: “Poderoso caballero es Don dinero”.  Los sacos rotos desvencijados tirados por las esquinas del alma. Las escopetas: ¡ay, cuanto daño han hecho a este país las escopetas!





Juan Luis Franco –  Viernes Día 21 de Julio de 2017





lunes, 10 de julio de 2017

Paquita Rico






Cuando, por el paréntesis veraniego, los Toma de Horas se marcan un periodo de necesaria inactividad ya sabemos que algún acto luctuoso romperá esta “interrupción creativa”.  Ayer falleció en Sevilla una cantante y actriz nacida para la vida y el arte en Triana. Se llamaba para los registros oficiales doña Francisca Rico Martínez y para el Arte (con mayúscula) Paquita Rico. Era de una belleza absolutamente deslumbrante y se comía literalmente a cualquier cámara que la enfocara. Era cantante; era actriz; era guapa hasta marear; era muy buena persona; era sevillana y era.... ¡trianera!   Siempre llevó a su tierra en el corazón y ni la gran fama que disfrutó pudo conseguir que ni un solo momento de su vida olvidara sus raíces trianeras. La película ¿Dónde vas, Alfonso XII? (1958) que protagonizó junto a Vicente Parra (por cierto, injustamente olvidado) y dirigida por Luis César Amadori  fue todo un acontecimiento social.  Se recuerda como uno de los grandes momentos culturales-sentimentales de toda la posguerra.  Decía mi padre que el cumplir muchos años lleva aparejado el sumar muchas muertes hondamente sentidas.  Sus cenizas serán depositadas junto a La Esperanza trianera.  Paquita Rico ya formaba parte por legítimo derecho de nuestra cultura sentimental y ahora, junto a La Esperanza, ya forma parte de la eternidad más placentera y hermosa.  Doña Francisca y Paquita  compatibilizaron a una gran señora y a una gran artista.  Nuestra particular y verdadera Reina Mercedes ya descansa en la paz de los elegidos para la Gloria.  Paquita Rico.





Juan Luis Franco – Lunes Día 10 de Julio de 2017





domingo, 2 de julio de 2017

Camarón






Hoy, precisamente hoy, domingo 2 de julio de 2017, hace veinticinco años que nos dejó el Genio flamenco de la Isla de San Fernando.  José Monje Cruz vino al mundo, luminoso y festero de la Bahía de todas las bahías, un 5 de diciembre de 1950 y falleció en un hospital de Badalona un 2 de julio de 1992.  Fue conocido de niño como “Pijote chico” y se crió en un mundo donde se conjugaban las necesidades de la supervivencia con el Arte más genuino de la Baja Andalucía.  En sus primeras grabaciones figuraba como “El Camarón de la Isla” para posteriormente y ya de manera universal ser conocido simple y llanamente como “Camarón”. Su encuentro, tanto en lo personal como en los artístico, con el genial Paco de Lucía marcaron un antes y un después en el devenir del Arte Jondo. Consiguieron que las nuevas generaciones se acercaran al Flamenco y, no pocos de ellos, llegaron para quedarse para siempre.  En este Genio tímido, poco locuaz e introvertido se daban cita una serie de cualidades poco comunes en el mundo del Cante Flamenco. Tenía una afinación prodigiosa; un compás que siempre se nos aparecía en su justa dimensión y un temple donde todos los “palos” (estilos) del Cante se nos mostraban quintaesenciados. Tenía además una enorme sabiduría y una afición desmedida (era capaz de llevarse horas y horas escuchando grabaciones de cantaores antiguos). Con el paso de los años la figura de Camarón no decrece sino que más bien ocurre todo lo contrario.  Nunca escribiré quien ha sido el mejor cantaor de la Historia del Flamenco (puede que incluso esté aún por nacer) pues sobre gustos la libertad se debe mostrar generosa. Lo que si se puede afirmar sin complejos es que Camarón era de una singularidad y un esplendor que lo sitúan en lo más alto de los elegidos por la gloria flamenca.  Hoy, a lo largo y ancho de todo el día, en mi “cueva” solo se escuchará la voz y el eco gitano del inigualable Camarón.  Imaginarse al Cante flamenco sin el Genio de San Fernando es como imaginarse a la música clásica sin Mozart.  ¡Veinticinco años ya de su triste y temprana muerte! El tiempo pasa inapelable y nosotros ya solo somos mensajeros y testaferros de lo vivido. La “Leyenda del tiempo” cruzando los campos y mares de Andalucía.





Juan Luis Franco – Domingo 2 de Julio de 2017